Un jueves cualquiera, poco antes de las seis, el sol empieza a teñir de naranja las dos torres que dominan la línea de costa. Los corredores aprovechan el último rato de luz en el paseo, los veleros vuelven a sus amarres y las primeras terrazas encienden las estufas. Empieza la tarde en el Port Olímpic, el puerto que Barcelona construyó para 1992 y que hoy reparte su día entre veleros, paseantes y terrazas.
El puerto forma parte de la gran transformación olímpica que abrió la ciudad al mar. Hoy es un punto de encuentro tanto para barceloneses como para visitantes, y merece la pena conocerlo con algo de calma.
Qué ver y qué hacer al caer la tarde
El mejor plan es empezar caminando. Desde la Barceloneta, el paseo marítimo lleva hasta el puerto en unos veinte minutos, con el mar a un lado y los edificios de la Vila Olímpica al otro. En el trayecto aparece la gran escultura dorada del Peix, obra de Frank Gehry, que cambia de color según la hora del día y se ha convertido en una de las imágenes más fotografiadas de la costa barcelonesa.
Junto al pez se levantan las dos torres gemelas del frente marítimo, el Hotel Arts y la Torre Mapfre, que figuran entre los edificios más altos de la ciudad. A sus pies se encuentra también el casino de Barcelona, que sigue atrayendo a quienes buscan una noche diferente. Parte de ese mismo público juega también desde casa y, antes de registrarse, comprueba qué casinos online para jugar en España cuentan con licencia para operar en el país. Sea en una sala o en una pantalla, es un entretenimiento reservado a adultos que conviene disfrutar con unos límites claros de gasto.
Para quien prefiere actividades al aire libre, el propio puerto ofrece escuelas de vela, alquiler de kayaks y salidas en barco por la costa. En otoño y primavera las condiciones suelen ser perfectas para iniciarse, con temperaturas suaves y menos gente que en pleno verano.
Las playas de los alrededores
El Port Olímpic está rodeado de algunas de las playas más agradables de la ciudad. Hacia el norte se suceden Nova Icària y Bogatell, más tranquilas que las de la Barceloneta, con espacio para pasear, jugar a vóley o tumbarse a leer. Hacia el sur, la playa de Somorrostro recuerda con su nombre al antiguo barrio de barracas que ocupó esa franja de arena durante buena parte del siglo XX.
Fuera de temporada, estas playas cambian por completo. Desaparecen las sombrillas, aparecen los paseantes con perro y la arena se convierte en el escenario de partidos improvisados y clases de yoga al aire libre. Es uno de los mejores momentos para disfrutar del litoral sin aglomeraciones.
Dónde cenar sin salir del frente marítimo
La oferta gastronómica del puerto ha cambiado mucho en los últimos años. Junto a los clásicos restaurantes de pescado y arroces, que siguen siendo la opción favorita de muchas familias los domingos, han aparecido propuestas más informales, desde tapas hasta cocina internacional.
Un buen consejo es alejarse un poco de los locales más expuestos al paso y buscar los que llenan los vecinos de la Vila Olímpica y el Poblenou. A pocos minutos a pie, las calles del Poblenou concentran vermuterías y restaurantes de barrio con precios más contenidos. La rambla del Poblenou, con su ambiente de pueblo dentro de la ciudad, es una alternativa perfecta para terminar el día. Allí sigue abierta El Tío Che, la horchatería fundada en 1912, una parada clásica para el postre.
Para un plan más especial, algunos restaurantes del frente marítimo ofrecen mesas con vistas directas al mar. Reservar con antelación es casi obligatorio los fines de semana, sobre todo si se quiere coincidir con la puesta de sol.
La noche en el Port Olímpic
Durante años, el puerto fue sinónimo de discotecas y bares de copas. Hoy la zona vive una transformación que busca recuperar su vocación marinera y ciudadana, con más espacios para el paseo, actividades vinculadas al mar y una oferta de ocio nocturno más variada.
Aun así, la noche sigue teniendo su público. Los locales de música, las terrazas con vistas y los bares del entorno mantienen el ambiente hasta tarde, especialmente los fines de semana. Quien prefiera algo más tranquilo puede optar por un paseo nocturno por el espigón, con las luces de la ciudad reflejadas en el agua.
Cómo llegar y moverse por la zona
La forma más cómoda de llegar es el metro. La parada de Ciutadella Vila Olímpica, en la línea amarilla, deja a pocos minutos a pie del puerto. También hay varias líneas de autobús que recorren el frente marítimo y conectan con el centro y con el Poblenou.
La bicicleta es otra excelente opción. El carril bici del paseo marítimo permite recorrer toda la costa desde la Barceloneta hasta el Fòrum, y el servicio municipal de bicicletas tiene estaciones en los alrededores. Aparcar en coche, en cambio, puede resultar complicado y caro, sobre todo en verano y durante los fines de semana.
Un rincón que merece una tarde completa
Pocas zonas de Barcelona permiten encadenar mar, paseo y cena sin coger ni un transporte. Un paseo al atardecer, una cena con vistas, una vuelta por las playas cercanas y, para quien lo desee, un rato de ocio nocturno. No hace falta tenerlo todo planificado, basta con dejar que la tarde avance y disfrutar de una de las zonas más luminosas de la ciudad.
